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Encontrarse sin perderse

Encontrarse sin perderse

 

Encontrarse, es uno de esos raros ejercicios vitales básico y necesario pero que casi nadie hace. Porque cuando tratas de buscar algo, puedes acabar encontrado cosas que o bien no te esperabas o bien no querías esperar de ti mismo.

 

Pero encontrarse es un ejercicio revitalizante y sobre todo sincero sobre uno mismo, sobre la existencia.

Siempre he sido rara, esa a la que señalaban por no estar ubicada en ninguna tribu, grupo social… y para que mentir, soy de esos de esos bichos raros que disfruta con ello.

 

Sé que lo fácil en la vida es tener un sitio al que pertenecer de alguna u otra forma, pero soy una amante de las ovejas negras, de los lugares oscuros o simplemente diferentes.

 

La vida está llena, plagada de tantas posibilidades que determinarse al ABC común me resulta un sacrilegio a nuestro vivos.

 

No necesito encajar, no necesito ser una más ¿Para qué serlo si ello hace que mi verdadero yo se esconda tras las capas de superficialidad del deber ser? No quiero esconderme, quiero ser Yo , con todo lo malo y todo lo bueno.

 

No quiero vidas fingidas, interpretadas, sacadas de una revista, de una red social, o de un libro de moda, quiero mis imperfecciones a veces perfectas, quiero mi caos  mi orden, tras tantos años viviendo conmigo : me quiero.

Os insisto, buscaros, encontraros, y amaros, será la historia de amor más bonita de vuestra vida. Y cuando todo eso pasé, encontrad a alguien que os ame con vuestras imperfecciones perfectas.

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Idas

Idas

Hace ya más de cinco años que dejé mi tierra de nacimiento. Bueno, mi ciudad que tampoco me he ido tan lejos.

Es curioso cómo pese a estar en el mismo país la diferencia entre de dónde soy, Cádiz, y dónde vivo, Madrid, es inmensa.

Afortunadamente mi migración ha sido dentro de una agradable zona de confort, pese al cambio que supone.

Los comienzos, ese primer extraño choque cuando te das cuenta que la gente habla castellano neutro y tu oído empieza a echar de menos esa hermosa dejadez del acento andaluz. Los comienzos, siempre duros, en sitios nuevos, con la libertad de la independencia y su responsabilidad. Irse para comenzar una vida, tu vida adulta es sin duda un viaje de conocimiento, de autonocimiento. Los primero trabajos fuera de tu ciudad, en mi caso paupérrimos y para nada al nivel de mis estudios y capacidades…como nos ha pasado y les pasa a muchos (bravo por ellos, todos tenemos nuestro momento)

Darte cuenta de si llegas o no a final de mes. La Morriña, ese ser extraño que parece estar vivo y alimentarse de cada jirón que te recuerda la tierra, en mi caso cada cosa que te recuerda al mar, el olor.

 

Ya ha pasado mucho tiempo, cinco años, toda una vida montada, hecha ya aquí. Sé que es mi hogar, sé que allí no volverá por mucho tiempo, pero no lo digo con voz triste, mi voz es alegre porque tuve la suerte de no encajar allí pero sí aquí. La mayor de las personas no tienen esa suerte, la morriña les inunda el pecho.

 

Entonces, justo entonces pienso en la gran cantidad de gentes de otros lados que vinieron aquí y les entiendo. Entonces pienso en todos los jóvenes de mi edad que han dejado hueco para irse allá dónde el futuro existiera.

A mí me gustó irme, pero cuando no te gusta ¿Cómo sobrevivir a que te obliguen a dejar tu vida las circunstancias?

 

Ir y venir por el mundo, es más que viaje a través de kilómetros.

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¿Escribiré literatura erótica?

He perdido la cuenta de las veces que me han pedido que escriba literatura erótica o pseudo pornográfica…. Sí, he perdido la cuenta. En serio no me lo he llegado a plantear aún ya que con todos los proyectos que tengo para acabar, meterme en uno nuevo sería abarcar demasiado. Pero, ¿Sería capaz de escribir literatura erótica como la que nos encontramos en los números uno de las listas de ventas de libros? Lo siento, pero lo dudo.

Tengo un gran problema con la literatura de genero erótico, lo que a mi parecer es un submundo lleno de tabúes, machismo, tópicos, una visión de los roles masculinos y femeninos un tanto arcaicos.

¿Necesita una mujer un hombre para abrirse sexualmente? No creo en ello, no creo en la necesidad de que sea justamente el hombre el que constantemente alecciona a una pobre mujer mojigata. Somos libres, podemos ser nosotras mismas sin avergonzarnos de nuestras necesidades o de cómo las ejecutamos. Lo siento, pero soy capaz de ser una pervertida sin que un varón me dé lecciones. Con ello no digo que no puedan darme lecciones, más bien digo que no es necesario, que soy mayorcita, sé lo que quiero y que nosotras podemos ser las que pervertimos.

¿Necesita el sexo para la mujer un trasfondo romántico? No creo en ello, todos sabemos que con amor o simplemente con una pareja estable el sexo es mejor, puedes experimentar más, la confianza es un grado….pero señores, no es estrictamente necesario que lo uno vaya de la mano de lo otro. Además no es la realidad, ¿acaso no podemos satisfacer nuestros deseos sin la a veces carga que llevan las mujeres de la búsqueda del hombre perfecto?

Podrían escribirse mil historias eróticas donde el amor no exista, en las que los roles de hombres y mujeres sean semejantes, o quizás unos más dominantes que otros… pero no que el pan nuestro de cada día sea la sumisión de la mujer.

 

La literatura erótica me hace reflexionar mucho sobre la situación actual de nuestro sexo, sobre la cantidad de tabúes que tenemos, lo poco libres que nos dejamos ser y como pese al tiempo, a los avances de la mujer en el último siglo caemos en los mismos roles de siempre. ¿Por qué no somos más valientes y sinceras con nosotras mismas? El sexo es el sexo y el amor es el amor, porque seamos mujeres no tenemos que justificar uno con otro.

 

¿Escribiré literatura erótica? Probablemente en algún momento me pique el gusanillo, pero no estará en los cánones, será bastante más feminista y más real. Todo ello me lleva a pensar que el día que me decida no os gustará. ¿Escribiré literatura erótica? Sí y con todas las consecuencias.

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Escribir

Escribir

 

Nunca supe por qué razón tenía la necesidad de esculpir palabras con tintas en libretas viejas y usadas. La mayor parte del tiempo era garabatear sobre hojas los impulsos, ideas y pensamientos que me estallaban en la cabeza.

 

Algunas veces creía que era una simple necesidad, igual que algunos tocan un instrumento, esculpen o son capaces de ver que una realidad, en mitad de cualquier sitio es una imagen con significado y la captan para la eternidad.

 

Muchas veces me habéis escrito para que os asesore o critique, para que os diga cómo escribir, cómo crear personajes o cómo hacer que las palabras encajen. ¿Qué puedo hacer yo? Si cuando escribo me limito a expresarme, me limito a sacar enredos y nudos que tengo dentro, en mi cabeza, en el sitio (esté donde esté) donde habita mi alma. No puedo daros consejos, puedo leer algo y decir si me gusta o no, si hay que trabajarlo o no.

 

Nunca supe por qué razón las palabras salían de mí, me lo pregunte mil veces sin una respuesta mejor que otra. Dentro de un mes hará un año que todo este motor empezó a funcionar, que la casualidad me indico que mi pequeño relato (que despierta amor y odio) estaba siendo leído en muchos países diferentes, meses después cuando saqué otros libros y asimile todo lo que estaba pasando supe por qué razón las palabras salían de mí, algo dentro me confirmo: Señorita Ainhoa sea usted mejor o peor, usted es y siempre ha sido escritora.

 

Justo en ese momento supe que tuvieran menos o más tirada, mis libros seguirían saliendo. ¿Qué es escribir? ¿Por qué escribo? Fácil, es lo que soy y es lo que necesito ser.

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De perros y viejos

De perros y viejos

 

  • Y vosotros ¿vais a tener hijos?
  • Oh no, ya tenemos un perro

 

Una vez unos amigos me soltaron eso, ambos rondaban los 40. Es obvio que tanto en España como en la mayor parte de los países europeos estamos viviendo un cambio, el de las parejas que prefieren tener mascotas a hijos.

 

Si lo pienso dos veces, pues una mascota te quiere de forma incondicional, pase lo que pase, siempre va a ser una monada, económicamente es más barata, no se va a volver respondona, te va a dar menos sobresaltos, etc… Un hijo en cambio, al principio son noches sin dormir, tarda mucho más en ser independiente que una mascota, y cuando lo es llegan los problemas, además con el tiempo dejan de ser monos, para convertirse en preadolescentes, adolescentes y jóvenes que sí que dan problemas. Las parejas, el sexo (tener que explicárselo), las notas, los deberes, la hora de llegar a casa, los piercings, la desobediencia, las palabras feas, las discusiones. Tener una mascota es infinitamente más tranquilo, relajado que el torbellino de amanecer en tu vida una personita.

Pero no nos engañemos, tener hijos nunca ha sido fácil. Pero la juventud europea lo quiere todo fácil, porque siempre lo han tenido así. Son los hijos queridos, nacidos en sistemas democráticos que funcionaban, acostumbrados a tener servicios públicos como sanidad, educación, pensiones, etc…… Son los herederos del trabajo anterior. Y me preocupa, esa falta de último hervor. Ya me resultaba preocupante ver en el zoo y otros sitios a parejas de personas muy mayores con niños pequeños… pero al menos los querían tener. Pero la generación por delante de la mía y la mía propia, no es que decidan tenerlos mayores es que directamente prefieren una mascota.

 

¿Pero si todos tienen mascotas y no hijos, saben realmente lo que les espera? Les espera un futuro con muy pocos jóvenes y niños, eso se traduce en una sociedad envejecida. Se les olvida que nuestro sistema del bienestar con nuestros servicios sociales funciona porque la mayor parte de la masa de la población está activa, es decir trabaja y produce dinero, paga impuestos. Pero, si no hay jóvenes que trabajen ¿De dónde se saca el dinero? Porque si no hay suficientes jóvenes, ¿De quién recaudamos los impuestos para el bienestar? El futuro entonces se adivina como una gran superpoblación de viejos sin pensión, ni prole, pero sí llena de perros y gatos adorables  adoptados.

 

Quién sabe, quizás la solución sea poner a cotizar a nuestras mascotas… justamente entonces igual dejan de amarnos tanto.

 

Lo más triste es que este tipo de decisión la toman los pocos jóvenes que pueden permitirse económicamente tener hijos. Actualmente en esta España mía hundida en la crisis podemos ver a muchos hombres y mujeres de más de 30 años viviendo con sus padres, sin trabajo ni posibilidad de tenerlo en un futuro cercano, jóvenes que no se están emparejando, que no están teniendo hijos, jóvenes que ni siquiera pueden decidir entre hijos y mascotas. Estamos perdiendo a toda una generación de hijos que no están naciendo, estamos perdiendo el futuro de nuestro bienestar. Pero siempre nos quedará una futura España llena de perros y viejos.

 

 

 

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Ser

Ser

 

Redes sociales, móviles, ordenadores, internet, televisión, cine, vivimos en una sociedad hecha a base de imágenes. Esas imágenes nos “indican” cómo y quienes debemos ser. Somos públicos, exponemos nuestras vidas en perfiles públicos, pero no somos lo que mostramos ya que la sinceridad es algo que no suele alcanzarse. Nos exponemos en público pero dentro de todo lo que debemos ser, no nos exponemos y tal como somos.

 

Siempre he intentado definirme como alguien brutalmente sincero, no justamente porque sea bruta sino porque estamos tan desacostumbrados que si la sinceridad es total se nos dibuja como un hachazo que no asimilamos. Incluso ahora que poco a poco me voy haciendo más pública y empiezo a notar ojos sobre mí sigo siéndolo. Debo admitir que pese a que lo soy mantengo mi vida privada acotada, limitada para que no se sepa sobre ella. Pero pese a ello intentó ser real, sincera y cercana, aunque pueda parecer utópico.

 

Estamos en una sociedad de imagen globalizada, dominada por lo que debemos ser y no por lo que somos. Desde niños nos embarcan en el camino de lo que debe hacerse, y lo que no debe  hacerse, que “las cosas se barren en casa”, el “qué dirán”, etc…  En ese desdibujarnos la realidad nos vamos perdiendo, nos vamos escondiendo, nos guarecemos bajo capas de cebolla de realidades paralelas a nuestro mundo interior. Fingimos, y lo hacemos mucho, a veces a lo ridículamente grande, tanto que en ese fingir es imposible encontrarnos. Pero fingir se ha convertido mayoritariamente en todo un arte, uno de los más versados en la actualidad. Fingir es una opción de vida mayoritaria, porque nos da pavor que piensen que nadamos fuera de la piscina comunitaria. Pero y ¿si la realidad fuera que todos nadamos fuera de la piscina comunitaria? Entonces seríamos más capaces, más nosotros.

 

Nos relacionamos con personas dentro de nuestras capas sin mostrarnos, sin ser nosotros, porque en todo deber ser nos hemos perdido y no somos encontrarnos. Todo ello deriva en relaciones amputadas incapaces de evolucionar porque no tratamos con nosotros mismos sino con nuestra imagen fingida. Eso nos lleva a relaciones irreales que no hacen otra cosa que vaciarnos por dentro.

 

Estamos dominados por el miedo a no estar en el “grupo”, a no ser sociales, a ser rechazados. Creamos subgrupos que no son más que otras formas de encajar. Nos sentiríamos mucho más libres si nuestros esfuerzos se dirigieran hacía dentro ¿Cómo vas a saber en qué grupo estás y si estás sin conocerte? Deberíamos conocernos, querernos como somos, sernos sinceros primero a nosotros y probablemente después de eso podamos ser capaces de vernos, y ver con claridad qué y quienes somos realmente.

 

Quizás me gusta ser brutalmente sincera para no acabar palideciendo dentro de mí, por ser yo y salir fuera por tener la necesidad de vivirme y no desvivirme en el deber ser. Todos sabemos que la vida no es de color de rosa, que lloramos, reímos, sentimos, sufrimos, hacemos el idiota, a veces somos absurdos, nos enamoramos, no nos corresponden, nos quedamos sin trabajo, suspendemos, la vida está llena de cosas buenas y malas. ¿Acaso no sería mejor que viviéramos la vida tal y como es fuera de nuestras capas? Así demostraríamos a las generaciones que vienen que no tienen que perder su tiempo en el deber ser, que simplemente pueden ser ¿No sería más sano sentirse mal o bien, o fatal o genial y poder compartirlo sin censuras?

 

Probablemente divague en un sin sentido, quizás seamos incapaces de admitir que nuestras existencias no son perfectas porque no nos escucharían. Desde mi brutal sinceridad, he descubierto que no les gusta a todos, que no están acostumbrados pero que en el fondo es realmente lo más sano.

 

Os propongo ser brutalmente sinceros, salir de nuestras capas y vivir con todas las perfectas imperfecciones que nos trae el devenir del tiempo y la vida.

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Reflexión tras la barbarie

Reflexión tras la barbarie

 

La relación entre la vida y la muerte es una danza tambaleante y frágil. Somos seres finitos por ahora. La realidad es mientras somos, mientras nuestra consciencia nos sigue dotando de información. Nuestra especie ha sobrevivido a siglos peores, a épocas de constantes guerras, muertes y enfermedades. Hay humanos que nos hacen estar orgullosos de nuestra especie, mejorando nuestro presente en un futuro prometedor. Y luego están los demás, los de siempre. La barbarie que siempre hemos llevado pegada a la espalda, desde que los primeros homo sapiens o sus ancestros peleaban entre tribus pasando por siglos y siglos de guerras en oriente y occidente, y allí donde el pie humano haya pisado. Nos seguimos matando. Desgranando de forma violenta vidas ajenas. Pero la cuestión va más allá de la muerte, al fin y al cabo ¿cuántas personas mueren al día?

 

La cuestión no son los muertos, la cuestión es la forma, la barbarie, el terrorismo como método de presión, de ofensa. En occidente pensamos que somos intocables, ya no recordamos lo que es vivir con guerras, la violencia de masas nos suena a algo tan lejano que cuando nos sucede es como si nos diera una angina de pecho o hubiéramos estado al borde de un infarto. Nadie merece una muerte violenta, ni violencia de ningún tipo, ni aquí en occidente ni allá donde la guerra es el pan de cada día. Porque hay que condenar la sangre, proceda de quien proceda, ya sea en París, Bagdad o Ramala.

 

La vida es hermosa y frágil, una obra de arte, demasiado hermosa como para que siga siendo contaminada con violencias que van más allá del sinsentido. Porque matar y tener la osadía de quitar una vida es el mayor sinsentido de todos. La opresión cuya arma es la violencia no es más que un símbolo de debilidad que nunca a lo largo de historia nos llevó a nada bueno.