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Nosotras, las otras para Nuevo Diario
Horas sin importancia para Nuevo Diario
Patio de Recreo. Después del 15 M para Nuevo Diario
A veces a la tercera va la vencida e igual cuando sobrepasemos el año sin gobierno por fin tengamos uno.
España no está preparada para la democracia real. Acostumbrados, desde la Guerra Civil hace 80 años hasta la actualidad pasando por los 40 años de dictadura, a dos fuerzas definidas a nivel intelectual y político enfrentadas. Es decir, derecha e izquierda siempre fueron dos poderes diferenciados. Eso nos llevó a una situación claramente bipartidista.
Tras los resultados de las primeras elecciones nos encontramos con un mapa en el Congreso bastante diverso. Los dos nuevos partidos habían subido como la espuma y nos ofrecían la posibilidad de democracia real, de debate, de discusión, de oratoria, de algo que no fuera o tú o yo. De algo que no fuera mayorías absolutas. Pero no estábamos preparados, y lo peor no es eso: ellos no estaban preparados. Nuestros representantes políticos, con la resaca del binomio derecha-izquierda, no estuvieron a la altura de unos resultados que nos proponían un tipo de democracia demasiado avanzada.
Explicaré brevemente el mapa. Los dos partidos clásicos perdieron votantes pero continuaron con una gran fracción de diputados (esto se debe sobre todo a la ley electoral que sobrefavorece en representación a los partidos más votados, discriminando a nuevos partidos emergentes), los nuevos partidos no tuvieron el suficiente número de votos como para realizar el cambio que llevaban meses prometiendo.
Todo esto nos sitúa en una especie de patio de recreo donde nuestros políticos empezaron a portarse como niños. Los intereses de los propios partidos en pos de futuras elecciones fue lo que realmente importó. No importó la necesidad que tenía España de un gobierno de cambio, no importó la necesidad de parar a unos partidos tradicionales llenos de corrupción, no importaron todos los daños colaterales de años de políticas que olvidaban a las personas, y sobre todo no importamos todos los que fuimos a votar. Las riñas del colegio más o menos se sucedieron así: tenemos a cuatro niños (véase por favor la metáfora y la ironía con la que se cuenta el cuento) Pablito, de un partido nuevo con aires de cambio y muy muy muy rojo; Pedrito, nueva cara de un partido tradicionalmente de izquierda, ahora más de centro, diezmado por la crisis y ciertos toques de corrupción; Albertito, un nene bueno catalán que se vendió así mismo como el futuro de la política de centro, aunque con unos toques de derecha; y por último tenemos a Marianín, la cabeza visible de la derecha que vivía en su mundo en un partido lleno de corruptos con los que él jamás había coincidido. También hay que tener en cuenta a otros partidos más minoritarios que sacaron más votos de lo normal.
Más para mal que para otra cosa, en España tenemos un personaje que se llama Rey (sí, sí, esto es una democracia con Rey) y dijo: Marianito, tienes que hacer gobierno, has sacado la mayoría de voto y tienes que hacer gobierno. Marianín, con el pasotismo y la ofuscación del que está más interesado en fumarse un puro que en hacer caso, salió huyendo sabiendo que ninguno de los otros niños del recreo querían jugar con él. Entonces el Rey le dijo a Pedrito: Pedrito, Pedrito, eres el segundo con mayoría de votos, te toca hacer gobierno, y Pedrito dijo: chachi, sí señor. Y lo intentó. Entonces empezaron unos tiras y afloja entre Pedrito, Pablito y Albertito para formar un nuevo gobierno, pero entre niños la disputa por el ser el capitán desembocó en que aquel gobierno nunca se formó.
Los españoles fuimos a votar por segunda vez, esta vez Marianito ha intentado formar gobierno con el único apoyo de Albertito, en un ejercicio de conciliación que ha demostrado a sus votantes que es capaz de pasar por cualquier aro. Ahora nos encontramos a la espera de una segunda acción. Y si no, estas navidades las disfrutaremos con unas apasionantes terceras elecciones.
Mientras los niños juegan a ver quién tiene razón y quién tira más de la cuerda o pasa más por el aro muchas cosas de nuestro país se desestabilizan y otras simplemente se mantienen. En esta situación la banca es más una montaña rusa que otra cosa, porque parecemos un país muy inseguro para meter el dinero. O quizás si se sabe. Estamos a esperas de que desde Europa nos vengan nuevas medidas a diezmarnos fiscalmente, y eso traerá un pequeño terremoto económico, quien sabe, quizás otra crisis ahora que estamos saliendo y “todo va bien”.
Los resultados electorales en ambas elecciones demostraron que lo antiguo mandó, y que lo nuevo asusta. La mayoría no quiere cambio, prefiere ser gobernada por el partido más corrupto, con la sede con más densidad de ladrones por metro cuadrado. El miedo no nos deja mirar hacia otros rumbos, explorar otras orillas, y vivir tiempos más interesantes. Tiempos interesantes donde el Congreso sea un paritorio de leyes con todo el esfuerzo que se necesita para traer cosas a este mundo. Pero no. Probablemente acabemos en unas terceras lecciones que van a desembocar en que la derecha vuelta a obtener más votos, quizás para que esto acabe, quizá para que se resuelva de una vez. Quizás para que finalmente el miedo a lo nuevo gane. Pero señores, si finalmente gana la derecha y nos vuelven a dar por todos lados, no culpen a los votantes, culpen a todos los políticos de izquierda y centro que no supieron ver lo que realmente es la democracia. Culpen a todos esos adultos que avergonzarían a un niño de recreo.
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Respuesta a ¿Por qué soy comunista?
Respuesta a ¿Por qué soy comunista?
Hace unos días uno de vosotros me dijo que escribiera sobre ¿Por qué soy comunista? Llevo días reflexionando sobre ello y probablemente no pueda dar una respuesta de sí o no.
No me gusta el capitalismo, nunca me ha gustado, consumir, individualismo, etc…. Pero el comunismo pese a ser una buena idea, no logra pasar de eso…Una idea. La historia ha demostrado que no ha funcionado por la corrupción de las personas. Lo cual me lleva a reflexionar que lo que hace que una teoría sea buena o mala en la práctica somos nosotros, las personas que las usamos.
El comunismo tiene cosas buenas, y claro, cuando empiezas a tener tus propias ideas y lees mucha teoría… parece la leche, la utopía perfecta…Pero las personas somos como somos y las ideas pocas veces salen de la utopía.
Actualmente quizás sea por mi forma de vida, por mi edad, por los cambios personales a todos los niveles en los últimos años, quizás he dejado de ser una idealista de tomo y lomo. Voy a llamarlo por x motivo, ya no puedo llamarme comunista. Comulgo con muchas ideas suyas, pero no las veo factibles. Con el tiempo he comulgado con algunos conceptos capitalistas y llegado a la conclusión que quizás la práctica ideal fuera una mezcla de ambas. Pero como dije antes, las teóricas a veces cuando se ponen en práctica se corrompen.
Sea como fuere, dentro de mí viven de forma indeleble conceptos básicos del comunismo y otros del capitalismo, fruto de esa mezcla que creo todos tenemos en el fondo. Nada en demasía es bueno, nada llevado a límites tampoco. Creo en que todos somos iguales independientemente de sexo, tendencia sexual, raza, religión y demás límites que nos pongamos, creo en que en el fondo existe la bondad humana, en la comprensión, en que hay cosas mínimas necesarias como la educación, el alimento, la sanidad, creo en muchas cosas, y a estas alturas, me da igual de que signo o color sean.
¿Por qué soy abstemia?
¿Por qué soy abstemia?
Beber alcohol es una costumbre social muy arraigada en nuestras venas, suele ir acompañado en celebraciones, comidas, etc… Es más, cuando no consumes te suelen mirar con cara de:
- ¡Ohh, he visto un extraterrestre!
Las costumbres se supone que son para seguirlas, las normalizamos y las adquirimos como parte de nuestra esencia y tradiciones personales. La tradición en la mejor forma de perpetuar la cultura, no hablo de cultura de conocimiento sino de costumbres (nuestra historia)
Pero sin duda, la costumbre de bebe no es una que quiera colaborara a perpetuar. No soy ninguna santa, una vez incluso bebí, pero no me aportó nada. ¿Por qué se bebe? ¿Para sentirse bien? ¿Para animar la situación? ¿Por gusto? ¿Por sabor? ¿Por olvidar? ¿Por sentirse uno mismo gracias a la desinhibición? Probablemente, existan más razones pero para mí no son suficientes.
Me gusta ser consciente de todo, no necesito dopajes para ser yo misma, hace mucho que me liberé de las ataduras y me limité a ser lo único que sé ser: yo. Olvidar, prefiero curar mis heridas con otros vendajes. Gusto….por mucho que el vino, cerveza y otros licores sean manjares para paladares… el mío nació sin posibilidad de comprender ciertas complejidades.
¿Por qué soy abstemia? Supongo que por algo tan sencillo como lógico, no me gusta.
¿Pero, por qué es más extraño que no te guste el alcohol que por ejemplo no te guste el atún? Sencillo, estamos tan acostumbrados que es más normal que un gusto alimentario.
Soy abstemia, porque también he visto los efectos que causa. Seamos sinceros, ¿alguna vez se han visto borrachos? Mírense y quizás vean lo que yo cuando miro a borrachos (amigos o no)
Hay costumbres sociales que no pienso perpetuar, e ir cada fin de semana en busca de la botella será uno de ellos.
