Besos

“Cachitos de amor IV” va a contar con un hiperbreve mío. Y para disfrutarlo (o no) aquí lo dejo.

Besos
Tenía el corazón lleno de besos guardados aún por dar. Su corazón era tan frágil que solamente le cabían 100 besos. 100 oportunidades de conocerla. Pasaron dos, no, tres chicas por su vida que le hicieron malgastar 75 de esos besos. Luego llegó ella radiante y justamente en el beso 100 supo que ella tampoco era.

En noches

Una buena nueva atrasada que acabo de ver. Finalista de II Certamen “Por aquí pasa un río”, ya os enseñaré el librito cuando lo saquen. Pero os dejo el relato afortunado.

En noches
De noche, era de noche. Una de esas noches que la ropa se pega al cuerpo y cualquier atisbo de una gota de aire en movimiento parece sacada de algún dios complaciente y misericordioso. De noche, era de noche cuando el calor, y los mosquitos se excitaban al arrullo del Río Guadalquivir. De noche, era de noche, la última noche que pasé allí antes de las maletas, del avión, de los recuerdos encajonados. De noche, era de noche y al fin te hablé, tu que eras de brillo de luna y olor a Romero. De noche, era de noche y nunca más te volví a ver. Tras noches sin calor, sin arrullo de río, sin mosquitos y sin ti, regresé. Tardé mucho, cuando uno se va parece que no tarda en volver. Cuando vuelves, ves que el tiempo ha pasado mucho más veloz de lo que pensabas. No pensé encontrarte. Pero de noche, la última noche antes de no se sabía cuando volví a verte de verde y pelo suelto. De noche, era de noche cuando encontré el hogar en tus labios y decidí quedarme a vivir en ellos.

La vida

El tema era “La vida”, de entre mis cuentos rescate “El secreto de las nubes”, y fue un acierto finalista y nueva publicación en una antología. Gracias Letras con arte

El secreto de las nubes
Estaba tendido sobre la hierba, que aun olía a rocío. Empezaba a notar las gotas en su piel. De vez en cuando le gustaba salir de su casa, desnudarse y dar la bienvenida al nuevo día llenándose de la fresca calidez húmeda de la madre tierra. Aún era joven, pero no lo sabía. Se pensaba mayor, como si hubiera vivido mil vidas que ya cansado no se dejaba recordar. Algunas veces atisbos del pasado asomaban iluminándole sobre el futuro. Pero no, incluso así era incapaz de aprender y seguía siendo para los demás como el primer ornitorrinco que vio aquel naturalista inglés. Continuaba siendo una mezcla extraña, un engendro que se movía entre oveja blanca y oveja negra. Allí, desnudo y con la piel impregnada, inventaba formas en las nubes. Se levantó corriendo. Siguiendo algo como si se tratara de magia. Galopaba cual animal poseído, había visto una nube con forma de ornitorrinco. Corrió y corrió dejando su ropa muy atrás. Repentinamente la nube de desvaneció, miro al frente y como si se tratara del irreal destino, ante él la descubrió. Era su ornitorrinca, que llevaba muchas vidas esperando su encuentro.