Regalo Pre cumpleaños

A un día de mi cumpleaños os dejo un regalo. Un avance de “Menú” mi próximo libro. Os dejo con uno de los relatos que lo forman.

El primer suspiro

Los sonetos nunca habían hablado de ella. Leía poesía en su más pura adolescencia sin ser capaz de suspirar.

Todo había comenzado con sus ruidos y nueces o quizás con sueños de noche de verano, ya no lo recordaba bien. Pero sin duda, fue a sus tiernos doce años cuando empezó a llenar sus estanterías con libros de títulos cada vez más pesados en sustitución de Verne y alguna que otra banalidad (que nunca le habían llenado, pero sí obligado a leer)

Solía mirar con devoción y encanto cada uno de los tomos que iba sumando. Como todo, la poesía llegó y con ella los sonetos de Shakespeare… Adolescencia y sonetos, una mezcla que solía dar con la ebullición emocional plagada de suspiros e inventivas (además de cientos de corazones redonditos dibujados en cualquier rincón) Pero Sonia no era de esas, no era una adolescente común. Amaba las palabras, pero estas no causaban efecto en ella. Había cierto escudo transparente e incluso invisible a ella misma que la hacía insensible a la poesía más allá de la belleza de sus formas.

Llegó Enero con el templado frío de la pequeña ciudad. Sonetos en mano, de pronto las palabras fueron arrebatas de sus ojos, con un gesto de lince humano. Siguió la mano ladrona con los ojos, con la ofuscación del gato la que la han quitado el ratón. Aquella mano no solo acogió al libro entre sus dedos, con la sencillez del que no se da cuenta, desnudó el ama de Sonia. Le miró a los ojos y reivindicó su posesión. Entonces él, aún sin nombre, medio sonrío. Era una de esas medias sonrisas que pueden hacer que arda Troya. Sonia se quedó sin escudo sin percatarse de ello. Minutos más tarde, tras la lucha verbal por su hermosa posesión, pudo volver a su libro. Justo entonces Sonia releyó la última palabra que habían tocado sus ojos y suspiró.