Nuevo artículo: De coletas y yernos perfectos

Hacía tiempo que la política no era un tema de interés para el ciudadano medio. Bastante tenía con sobrevivir a todas las puñeterías del gobierno actual. Como decía en el artículo anterior, con el 15 M “despertamos”, se nos abrieron los ojos y la política volvió a interesar. Apareció un personaje, Pablo Iglesias, de coleta, sin corbata, gran orador, de ideas claras y con un carisma que parecía sacado de aquellos políticos de la transición. Al principio era simplemente un tertuliano más que nos daba la visión de todos aquellos que habían salido a la calle aquel 15 de mayo. Pero poco a poco se convirtió en algo más.

En el artículo anterior ya había comentado que uno de los grandes errores del 15 M había sido no tener un líder claro y no ejecutar todas esas bonitas ideas que se promulgaron. Un tiempo después, finiquitado el 15 M y para cuando la mayoría de la población aquello solo era el murmullo de un pasado reciente apareció Podemos.

¿Qué es Podemos? Es la nueva política, es el fin del bipartidismo tal y como lo conocemos desde los años 80. Es el 15 M llevado a la política, el azote de la corrupción, de la comodidad. Pero Podemos también es Pablo Iglesias, que puso cara a un partido donde confluían ciudadanos cansados, gente tradicionalmente de izquierdas y también otros extremos, eran estos extremos los que daban miedo a la prensa, partidos y empresarios. Los votantes estaban muy enfadados, y Podemos se anunciaba como la mejor opción.

Las elecciones europeas de mayo del 2014 lo definieron todo, no ganaron pero PODEMOS para sorpresa general despuntaron haciéndose un hueco entre los diputados europeos. Y amenazaron con conseguirlo todo en un ejercicio de egolatría que fue respaldado por de pronto empezar a salir en todos los medios y acabar siendo los favoritos de las encuestas. Aires de cambio soplaban, el bipartidismo había muerto. Algunos empezaron a ver, más allá de la anécdota, que quizás este pequeño partido sí era realmente una amenaza.

Entonces empezamos a ver por la tele al yerno perfecto. Se nos vendía como el nuevo Adolfo Suarez (el político clave que dirigió la transición española de la dictadura a la democracia actual, capaz de sacrificarse él mismo en el momento necesario), la nueva política de centro, un partido donde el votante podía sentirse más seguro que con Podemos. El yerno perfecto era Albert Rivera, y Ciudadanos era el nombre.

Ciudadanos no era un partido nuevo, desde principio de los dos miles en Cataluña se les había visto nacer. Eran un partido más, uno de esos que puedes ver cuando vas a votar que nunca se habían llevado casi nada. Pero los votantes necesitaban cosas nuevas, y había que ofrecer a los votantes un partido que no fuera un clásico del bipartidismo, que estuviera alejado de la corrupción pero que bebiera más del liberalismo político y económico. Ciudadanos se convirtió en la tranquilidad para empresarios y prensa. Dejó de ser un partido catalán para ser un partido español, y pese a que el independentismo catalán resonaba por todos lados, ningún medio hizo eco en que Ciudadanos había nacido como un partido de ámbito catalán.

Entonces empezó la guerra en los medios. Hacia Podemos se vertían acusaciones que ellos ni confirmaban ni desmentían, en un curioso juego de gato y ratón que no hacía más que sembrar dudas. Las dudas siempre llevan al miedo y el miedo en los votantes, el miedo a lo desconocido, al cambio, no es algo precisamente bueno. En artículos, programas sobre política que habían florecido, algunos como las malas hierbas, y otros medios, el binomio Pablo Iglesias-Albert Rivera era algo normal.

Cuando llegaron las elecciones municipales y autonómicas los votantes ya se habían acostumbrado a los nuevos partidos. Ciudadanos emergía como la escoba de la política mientras Podemos poco a poco se iba relegando a un papel de extremista (y los extremos siempre dan mucho miedo).

El resultado de estas elecciones sembró el miedo en los grandes partidos, demostrando que los nuevos habían llegado para quedarse. Vivíamos en tiempos interesantes de conversaciones, de pactos, de debate, de política real, que no mayorías absolutas donde los grandes partidos hacían y deshacían como querían. Las elecciones generales estaban realmente cerca, los políticos, medios y empresarios ya sabían cuál era la amenaza y sabían qué no era amenaza. Justo en este momento, con todos posicionados y con la demostración de que aquello podía funcionar siendo testificada por ayuntamientos y autonomías, las raíces estaban echadas.

Los candidatos se preparaban para las elecciones generales, la política estaba todo el día en la tele, la prensa y la radio. Y las mentiras, las manipulaciones también estaban presentes en la prensa. Ambos tuvieron la culpa, la prensa por sembrar dudas por no ser un partido que realmente interesaba, y el propio Podemos no siendo claro cuando se necesitaba.

Entonces empezó la campaña para que los españoles eligiéramos presidente, y lo más divertido fue que no se empezó solo una, tuvimos la gran oportunidad de tener 2 campañas electorales. Y somos tan divertidos que vamos a tener unas terceras.

 

http://www.nuevodiario.co/2016/08/28/coletas-yernos-perfectos-despues-15-m/

EL 15 M, nuevo artículo

“Los jóvenes salieron a la calle y súbitamente todos los partidos envejecieron…” (El roto)

En el hombre unidimensional, Marcuse nos hablaba de cierta circularidad  de sucesos en las realidades políticas de base capitalista. Ésta circularidad tenía, en cierta forma, como obligatoria una de sus fases: la “revolución de la masa”. Si echamos una mirada atrás nos encontramos con revoluciones de este tipo, como la archiconocida de mayo del 68. Hace 5 años yo era una de esas personas que creía en todo lo que se estaba sucediendo en la puerta del Sol, después de un 15 de mayo.

Es fácil estar callado cuando las cosas no te van mal, pero cuando ves llamas en tus pies, el asiento ya no es tan cómodo. Con la sanidad mal alimentada, la educación maltratada, los funcionarios fustigados, los trabajadores privados mayoritariamente con contratos paupérrimos  y nuestros jóvenes licenciados fugándose a otros países, etc., estábamos viendo nuestros pies arder. Debe decirse que el 15M no salió de la nada, estuvo precedido por manifestaciones contra el gobierno, contra las medidas, la corrupción, la crisis, grupos que se manifestaban para ayudar  a que las personas no fueran desalojadas de sus viviendas, se empezaban a demostrar que no podíamos más con el silencio.  Entonces un 15 de mayo de 2011, en pleno centro de Madrid, una manifestación llegó para quedarse.

Yo asistí con las esperanzas puestas en esos aires de renovación y cambio. Veía cómo iban coexistiendo ideas políticas muy diferentes, centro, izquierda, extrema izquierda, y otras formaciones, además de otras personas que simplemente estaban cansadas de la crisis, de escándalos que salían a diario y de ver cómo otros ciudadanos que habían sido pisoteados por la crisis se quedaban sin hogar. La armonía que se respiraba y la frescura de una renovación política te dejaban en la nariz un olor a esperanza y a limpio.

Es curioso como algunas cosas se viralizan, y en países como Grecia o incluso Estados Unidos, se dieron concentraciones que imitaban el 15M español. Parecía que esta viralización iba a ser un precedente, y que por una vez la globalización uniría ideas. Aunque a veces te crees que las estás viviendo, las utopías existen, y todos aquellos días en Sol, con los medios, las críticas, la policía, los tira y afloja entre los manifestantes y la delegada del gobierno en Madrid no fueron más que un atisbo de utopía. Cuando todo aquello finiquitó sin una solución real a todos los problemas se me rompió un poco el corazón y me invadió la tristeza porque pensaba que aquella utopía que se estaba deshaciendo poco a poco era la única esperanza del cambio que estábamos necesitando.

Las palabras están muy bien, el sentimiento de fraternidad es algo realmente humano, las personas nos unimos en las fatigas, pero todas aquellas, propuestas, quejas, gritos, hermandad, no era más que palabrería. No eran más que fruslerías que adornaban todo ese enjambre de personas en busca de una solución que ninguno daba. Se vanagloriaban declarando que no tenían un líder ni un representante, que aquello era el clímax de la democracia. Pero ¿de qué vale tanto esfuerzo si luego no ejecutas nada? Las palabras vacías de contenido nunca han sido las que han solucionado los problemas. Siempre he sido de esas personas que piensa que para solucionar un problema es infinitamente más importante la acción. El 15 de mayo fue historia y obviamente aunque no lo supieran, aunque todos nosotros que estábamos allí y los que miraban desde fuera no eran conscientes, era el nacimiento de un cambio. Parafraseando a El Roto, como decía al principio de este artículo, “Cuando los jóvenes salieron a las calles, los partidos súbitamente envejecieron”. Es decir, el bipartidismo de derecha e izquierda había muerto. Su fallecimiento no fue abrupto y brutal, algo que nadie se esperaba, no, no, no: el 15M nos confirmó la crónica de la muerte anunciada del bipartidismo. La vieja política tembló y luego se sonrió ante la falta de acción de todos aquellos que llenaron la plaza durante días.

La puerta del Sol abarrotada, poco a poco se fue desgramando, pasando de la euforia a un silencio ensordecedor, que nos dejaba a todos sin esperanza.

Sin que nadie se diera cuenta, y para poner voz en los medios a este hecho, de repente un chico con coleta, buena verborrea, buenos modales y todos los conocimientos y la buena actitud que aporta ser profesor de ciencias políticas apareció. Era muy divertido verle al principio, en esas cadenas minoritarias de extrema derecha. Le veían como si fuera un chiste de todos aquellos que estaban en Sol. Pero aquel chico con coleta y camisas de supermercado, años más tarde sería la viva representación de que la utopía es posible. Pero ojo, la única utopía posible que se realizó fue la muerte del antiguo sistema político bipartidista, no la muerte de los partidos que acunaron a España en una cuna hecha con zarzas.

Y entonces llegó él, con coleta y camisas de supermercado. Se llamaba Pablo y era el comienzo….

http://www.nuevodiario.co/2016/08/21/el-15-m/

Nuevo Artículo para Nuevo Diario

Antes del 15 M

 

La línea de confort es como un cuento envenenado, te da lo que quiere con lo que estás cómodo. Pero en el fondo, gota a gota, te puede ir corrompiendo. Las cosas nuevas nos dan miedo. Pavor, podría decirse, porque no sabemos qué consecuencias van a traer, y se nos sale de nuestro  control, de esa línea de confort que a veces es como un cuento envenenado.

En España, dentro de unos meses, llevaremos un año sin gobierno. Trescientos sesenta y seis días en los que pese a estar desgobernados seguimos flotando. Y digo bien cuando digo flotando, porque somos como esas partículas de polvo que se quedan suspendidas, estamos sin estar. A la vuelta de la esquina tenemos las nuevas consecuencias en forma de multa que nos volverán a diezmar económicamente. Tenemos también leyes que se siguen aprobando y llevando los avances de nuestra corta historia democrática a años anteriores a ella. Ejemplo de ello es la nueva ley de educación que impone un sistema que no teníamos desde el fascismo de Franco, la reválida, que en vez de ayudar al estudiante le somete a más presión y dará como resultado estudiantes que piensan más en el próximo examen que realmente en formarse como personas. Llevamos ocho años en crisis económica, y también política. Nuestras economías medias han sufrido y siguen sufriendo por malas decisiones. Es muy fácil decir que durante unos años vivimos por encima de nuestras posibilidades, también es realmente fácil decir que se invirtió demasiado dinero en cosas que no eran estrictamente necesarias. Inversiones de dinero que han hecho que pueblos pequeños, de pocos habitantes, acabaran con auditorios dignos de capitales de provincia. Siempre se achaca que los ciudadanos vivimos a base de créditos que luego no pudimos pagar. Qué hacer cuando no son solo los ciudadanos, sino también los ayuntamientos, que han vivido por encima de sus posibilidades, todos aquellos que elegimos para decidir por nosotros. Resumir la complejidad de la crisis es harto complicado, igual que necesitaría no sé cuántas páginas para explicar por qué vino esa crisis. Pero para ponernos en precedentes e intentar entender, haré un breve resumen:

A finales de los años noventa empezamos a crecer económicamente de forma exponencial, debido sobre todo a la construcción. Había mucho suelo y mucha gente quería cumplir una de las mayores obsesiones de mi país, la propiedad de una vivienda. Hay que entender que en comparación con otros países España es tradicionalmente más de tener una vivienda en propiedad que de vivir de alquiler. Así encontramos que para todas las personas llegadas a una determinada edad, su prioridad es comprar una vivienda. A este deseo innato protagonizado por los ahora adultos del baby boom de los años 70, sumamos leyes que liberalizaban el suelo, haciendo muchísimo más fácil que las constructoras hicieran su trabajo. A su vez, los organismos públicos, viendo la época de bonanza en la que se vivía, empezaron a gastar de forma desorbitada, sin tener ni por un minuto en cuenta que el futuro no tendría por qué seguir siendo así. El crédito era muy fácil, los bancos prácticamente regalaban créditos e hipotecas, todos éramos felices y el dinero fluía. Todo esto favoreció que poco a poco la vivienda se convirtiera en una burbuja. Y como se sabe en economía, todas las burbujas acaban explotando. Cuando todo nos va bien nos importa realmente poco el porqué de algunas cosas, olía a corrupción, pero preferíamos pensar que el tufo no era nuestro. Y como dije antes, todas las burbujas explotan, pero no sólo explotó la crisis, a raíz de ella pudimos ver de forma incontrolada focos de infección de la democracia en forma de corrupción.

El anterior gobierno, uno tradicionalmente socialista, no supo manejar todo lo que se le vino encima, reaccionando tarde pero pese a ello no olvidando cierto proteccionismo sobre el ciudadano. Como en todas las situaciones de crisis, y sobre todo, en un estado bipartidista como era España, lo lógico fue lo que ocurrió, ganó la derecha, y gobernó. Cuatro años y medio largos, casi cinco, llevan en la Moncloa. Casi un lustro, que podemos resumir así: bancarrota de los bancos, inyección de dinero a estos a base de impuestos a la población, para pagar empeoramos educación, sanidad, la calidad de trabajo de nuestros funcionarios y un sinfín de cosas más. Todo esto nos llevaba a que el desempleo subiera más que nunca, a que los inmigrantes huyeran de este país y que nosotros tuviéramos que emigrar. Nos llevó a un empobrecimiento en un país supuestamente del primer mundo, donde tenemos ancianos que no pueden pagarse los medicamentos y familias que viven en absoluta pobreza, otras que tras años pagando son despojadas de su hogar, y una restante situación laboral paupérrima, donde encontramos situaciones más propias de esclavismo que de otra cosa. España se había convertido en un auténtico “paraíso”.  Los bancos se restablecieron, y mientras ellos se hacían grandes, nosotros, los españoles, no hacíamos pequeños. Todo esto tiene lógica, el país está en mala situación, tenemos que esforzarnos para que todo esto mejore. Pero mientras todos los españoles sufríamos esto, los periódicos y televisiones casi a diario nos asaltaban con noticias sobre corrupción venidas de los dos partidos políticos que venían gobernándonos desde el final de la dictadura. Todo poder que permanece en el tiempo y no tiene ningún enemigo natural se acaba desvirtuando. Diezmados económicamente, con la clase media casi desaparecida, emigrando y con nuestros servicios públicos muy diezmados, estábamos muy jodidos.

Entonces salimos a la calle, un 15 de mayo. Continuará…

 

http://www.nuevodiario.co/2016/08/13/antes-del-15m/

¿Censura? Nuevo artículo en Nuevo Diario

Hace unos meses en una publicación en la red, de cuyo nombre no logro acordarme,  encontré un artículo realmente curioso que reflexionaba sobre lo ‘políticamente correcto’. El artículo en cuestión hacía referencia a otro publicado en un periódico estadounidense, que narra un episodio acontecido en una universidad de aquellos lares. El suceso en cuestión me hizo darle alguna vuelta al término ‘políticamente correcto’.

En una universidad un grupo de conferencistas fue vetado por los propios alumnos al intentar narrar crudezas de la vida como guerras, violaciones o abusos al género femenino. Es decir:

-Señora, lo que nos viene a contar es muy feo y no queremos cosas negativas aquí.

Ya no es ‘políticamente correcto’ en algunas sociedades narrar las crudezas de la vida. ¿Dónde acaba lo ‘políticamente correcto’ y empieza la censura? Esa sí es una cuestión grave. Mantener los ojos cerrados ante algo no va a hacer que ello desaparezca. La realidad, aunque no la veas a través de tus diferentes pantallas, sigue sucediéndose ¿Tiene sentido taparlo? ¿Esconderlo? ¿Es lo ‘políticamente correcto’ un tipo de censura que nos dice qué hacer y qué decir?

Comprendo, como cualquier ser social, que deben existir normas para relacionarnos, para no dañar de forma gratuita las sensibilidades ajenas, en fin, para tener un mínimo de respeto y educación con las personas que nos rodean. Todo es lógico. Pero, ¿ese intento de esconder realidades que dañan sensibilidades no es simplemente censura? ¿Acaso no es irrespetuoso vivir en nuestra burbujas de rosas sin espinas en vez de saber en qué mundo existimos?

Por más vueltas que le dí no logré adivinar cuán fina es la línea que nos separa del respeto a las personas al de la falta de este mismo por ellas. La obligación, el vacío a ciertas informaciones, el tachar de tal o cual ciertas actuaciones, llevan a lo que es ‘políticamente correcto’ a un término ilógico donde todo lo que se salga del ABC es malo y debe ser ignorado.

Cuando hablamos de censura, normalmente no la asociamos a estados libres y democráticos. Cuando pensamos en en esta,  se nos vienen a la mente las historias de todos aquellos estados totalitaristas ya fueran militares, comunistas o de cualquier color político. La censura proviene de aquellas sociedades diezmadas por la falta de libertades y acotadas a unas normativas estrictas que les limitan en su comportamiento.

Por extensión, ¿es lo ‘políticamente correcto’ un tipo de dictadura, en este caso ético moral que censura lo que debe decirse o no?

Lo ‘políticamente correcto’ siempre ha tendido a hacernos ver y comportarnos socialmente desde un punto de vista acorde, puro, bueno, bien visto por la suma de la sociedad. Pero a la par se olvida de todo ello siendo en cierta forma inquisitorial con todas las cosas que se salen de ese círculo perfecto de bienestar. Históricamente ha sido así a lo largo de las diversas sociedades y podría decirse que simplemente estamos en un momento histórico en el que la censura es más obvia. Podría ser, podría valer. Pero (siempre hay un pero para cada cosa), en este punto de la historia en el que desde hace tiempo no ser ‘políticamente correcto’ no estaba tan mal visto, donde el punto crítico era algo más allá de lo necesario… ¿Hemos dado pasos atrás? ¿Están los nuevos jóvenes deshaciendo lo que hicieron sus mayores en pos de la libertad por haber estado ultra protegidos en su infancia? ¿Las nuevas líneas ‘políticamente correctas’ acabaran con ese espíritu crítico?

Y eso es lo que realmente importa. La universidad es el lugar donde te formas, donde tu espíritu crítico termina de tener forma, la universidad se da (normalmente) en esa edad en la que necesitas tener las ventanas abiertas para que el mundo entre y así saber qué quieres. Eso es lo realmente preocupante en el caso anotado, unos universitarios sin el más mínimo interés por tener un espíritu crítico y por extensión, la universidad no es más que un pastor con perros que lleva un ganado sin ton ni son y  que se repite en muchas más instituciones del mundo.

Las sociedades cambian, mutan, es algo a lo que la historia nos tiene acostumbrados a lo largo  de los siglos, demostrando a veces cierta circularidad en su comportamiento. Lo entiendo, lo comprendo, lo comparta o no… pero lo entiendo. Una cosa es entenderlo y otra es quererlo. A estas alturas de la historia, tras todos los episodios pasados, con todos los medios que actualmente disponemos, justamente ahora todo nos dice que la censura venga o no de lo políticamente correcto o de un totalitarismo de turno se trata sin duda de un pasaje que no deberíamos volver a vivir. La Inquisición desapareció hace mucho, en Colombia, justo hace 195 años, los pocos estados dictatoriales existentes actualmente como Corea del Norte nos dicen a la cara que la censura es simplemente un dictado que aboga por el control y la falta de libertad. Señores y señoras, no optemos por ello justo ahora que lo tenemos todo a favor. La muerte del espíritu crítico, jamás es la mejor opción.

http://www.nuevodiario.co/2016/08/07/censura/